Tipo de mensaje de gran contenido estético y muy redundante, que constituye una parte notable de las relaciones interindividuales.

La carta de amor es el recurso del tímido, el desahogo del apasionado, la confesión sencilla de un sentimiento experimentado hacia otra persona, en general, del sexo opuesto. La originalidad de esta carta radica en la pobreza del contenido semántico de los temas desarrollados: el mensaje es siempre el mismo; se quiere probar y decir que se ama. Este elemento es redundante. Se repite cada línea bajo diversos matices de estilo, bajo imágenes y comparaciones que a menudo se tornan banales. Los conceptos de percepción y subjetividad son aquí importantes. El destinatario de la carta de amor, si comparte los sentimientos del autor, verá en ella un texto irreprochable y encantador: lo connotativo adquiere aquí su máxima importancia. En cambio, si no hay identificación de sentimientos, la carta será juzgada con rigor y considerada vulgar, desvaída y sin valor literario o afectivo. El individuo rechaza el contenido de un mensaje que no desea percibir en el sentido previsto por el expedidor.

La carta de amor es, pues, un sistema informativo, colocado en el marco de una comunicación bilateral si la densidad de sentimientos compartidos es igual por ambos lados. Una carta de amor, entendida como una comunicación unilateral, corre el riesgo de representar una verdadera catástrofe para su autor, catástrofe sentimental y afectiva, que muy a menudo puede tener una resonancia importante sobre su vida entera. Y esto, sólo porque el individuo cree dar algo y no admite, en todos los sentidos y con todos los matices psicológicos que ello implica, que se le rechace el don (don de sí mismo, que puede incluir también un deseo latente de posesión del otro).

La carta de amor se convierte en una institución social en la medida en que no se puede, o no se debe, declarar el propio apasionamiento sólo de viva voz. Declararlo por escrito parece más serio y permite al otro captar mejor la importancia del mensaje emitido. (Paradójicamente, esta carta llamada a unir personas contribuye a su distanciamiento cuando, en un divorcio, sirve a uno de los cónyuges para probar que el otro abrigaba sentimientos o mantenía relaciones culpables con un tercero).

Sin embargo, la carta de amor tan querida por los románticos, tiende a escasear en proporción directa al desarrollo de las comunicaciones de todas clases, sobre todo el teléfono y los transportes rápidos (automóviles, avión). En las novelas y películas modernas el amor ya no se basa en un intercambio de correspondencia: el héroe amante, para declarar su pasión o dar una prueba de amor toma un avión, se pone al volante de su coche o envía un telegrama.

Abraham Moles “La comunicación y los Mass Media”. (1975)